Siete de cada diez personas que sigue una dieta sin gluten no está diagnosticada

La dieta sin gluten, imprescindible para quienes sufren celiaquía, se ha extendido hasta convertirse en una moda que hace que hasta el 72 % de las personas que la siguen no tenga un diagnóstico médico.

Según la doctora Natalia López Palacios, del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Clínico San Carlos, la sensibilidad al gluten no celiaca autonotificada es «un problema epidemiológico del siglo XXI».

La autoprescripción es un obstáculo importante a la hora de detectar si realmente existe intolerancia al gluten. «Los pacientes llegan a nuestras consultas con sus propias dietas y aseguran que sus síntomas digestivos han mejorado a partir de suprimir el gluten. El problema es que es muy complicado diagnosticar de celiaquía a alguien que ya prescinde del gluten», ha destacado la experta durante el XXV Simposio Manuel Díaz-Rubio sobre el tratamiento de enfermedades digestivas.

Además de comprobar la aparición y desaparición de los síntomas con la ingesta de gluten, la experta ha recordado que hay que hacer las correspondientes pruebas de alergia al trigo, determinación de anticuerpos de celiaquía, etc, para fijar una posible sensibilidad al gluten. Y, sobre todo, «que el afectado sea portador de genes compatibles con la enfermedad celíaca».

«Estos genes, que están presentes en el 40 % de la población española, solo sirven para descartar la enfermedad, pero si no están presentes no puede existir celiaquía. En menos de un 20 % de los pacientes el gluten es el responsable de sus síntomas, y no sabemos si nos encontramos ante un síndrome o una enfermedad, y la discusión es que tiene que haber otros responsables y no sólo el gluten», ha concluido.

Teresa Martínez, jefa del servicio de Endocrinología del CHUAC, considera que esta fiebre anti-gluten «procede de la idea extendida de que los hidratos de carbono no son buenos para el organismo, algo que muchos creen confirmar con determinados tests de intolerancia alimentaria que no son en absoluto fiables y no tienen base científica». La experta recuerda que existen pruebas fiables que demuestran el diagnóstico de la enfermedad celíaca y de la intolerancia al gluten.

Martínez recuerda que siempre que una persona piense que pueda tener una intolerancia por lo que sea, tiene que acudir al médico para hacerse una prueba. «Se trata de una prueba de laboratorio que es muy concreta y nos dice si esa persona tiene una intolerancia o no al gluten. Después la prueba que se realiza en sangre, y es muy fiable, hay otras maneras de confirmarlo, como la prueba genética y la biopsia intestinal».

En cuanto a la moda de comer sin gluten para perder peso, la experta ha explicado que «eliminar los derivados de las harinas de la alimentación -los hidratos de carbono- produce pérdida de peso. Eso es en lo que se basan todas las dietas rápidas porque así el organismo tiene que utilizar otros modos de conseguir su fuente de energía más importante. Normalmente de esta forma se produce una pérdida de agua muy grande y eso se traduce en pérdida de peso, pero la pérdida de agua trae como consecuencia la pérdida de otros iones y sustancias que son fundamentales para el organismo y puede traer otros problemas».

La moda de la dieta sin gluten ha provocado la proliferación de etiquetas falsas en algunos productos que encontramos en el supermercado, para hacerlos más atractivos al público. Según explica la experta Aida Serra, profesora colaboradora de Ciencias de la Salud en la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), hay alimentos genéricos que de forma natural no llevan gluten, por eso ya no es necesario indicarlo en la etiqueta. «Cuando leemos ‘sin gluten’ en la etiqueta de un paquete de leche fresca o en unas hortalizas estamos ante un caso de márketing engañoso porque ni la leche, ni las hortalizas ni muchos otros productos frescos como la carne o los huevos contienen gluten de forma natural», ha afirmado.

Según los expertos, este falso etiquetado es perseguido por la legislación europea, que lo considera una práctica desleal y especifica que «la información alimentaria no debe inducir a error al insinuar que el alimento tiene unas características especiales cuando, de hecho, todos los alimentos tienen esas mismas características».

Los especialistas aseguran que los usos abusivos de la etiqueta «sin gluten», en lugar de contribuir a la información del colectivo de celíacos, que debería ser el objetivo principal de este tipo de etiquetado, pueden llevar a la creación de mitos y confusiones. Además, «las motivaciones de esta práctica pueden ser comerciales, ya que en los últimos años se ha extendido la creencia de que una dieta sin gluten es beneficiosa para cualquier persona».

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