La peligrosa moda de comer como un celíaco

El Protocolo para el diagnóstico precoz de la enfermedad celiaca publicado por el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad,  destaca en su texto que “el pronóstico de los pacientes con enfermedad celiaca es excelente cuando el diagnóstico se efectúa de forma precoz y el paciente se adhiere a la dieta sin gluten"; sin embargo, explica que “los pacientes que no son convenientemente diagnosticados y tratados pueden desarrollar complicaciones graves, incluyendo malabsorción, malnutrición y una mayor frecuencia de enfermedades debilitantes y autoinmunes", a la vez que detalla que "se han comunicado tasas de mortalidad entre 1,9 y 3,4 veces superiores entre los pacientes con enfermedad celíaca".

El documento afirma además que "la mortalidad es mayor en los tres primeros años después del diagnóstico, doblando a la observada en la población general. Las causas de mortalidad se relacionan primordialmente con el desarrollo de linfoma no Hodgkin, cáncer del intestino delgado, enfermedades autoinmunes (incluyendo artritis reumatoide y enfermedades del tejido conectivo), enfermedades alérgicas (asma bronquial), enfermedad inflamatoria intestinal, diabetes mellitus, inmunodeficiencias, tuberculosis, neumonía y glomerulonefritis”.

A pesar de estas advertencias, muchas personas que no la padecen se han apuntado a una dieta sin gluten, algo que puede poner en riesgo su salud, tal y como demuestran diversas investigaciones. De hecho, seguir este tipo de dieta sin estar afectado eleva el riesgo de enfermedad cardiovascular y diabetes, según algunos de estos estudios.

Según una revisión de Frontiers in Pediatrics, existe un aditivo alimentario común que podría ser el desencadenante de la celiaquía, una enzima bacteriana que se utiliza para fabricar salchichas, queso, pan y otros alimentos procesados. "La transglutaminasa microbiana puede unir proteínas, por lo que se usa para mejorar la textura de los alimentos, la palatabilidad y la vida útil", ha explicado el coautor del estudio, Aaron Lerner, profesor visitante en el Instituto Aesku.Kipp, en Alemania, quien ha afirmado que "esta enzima funciona como la transglutaminasa producida por nuestro cuerpo, que se sabe que es el objetivo de la autoinmunidad en la enfermedad celiaca".

Por tanto, existe una correlación positiva directa entre el aumento del uso de enzimas industriales en productos de panadería y la creciente incidencia de la enfermedad celíaca en las últimas cuatro décadas, según Lerner, que afirma que "en uno de nuestros propios estudios, probamos anticuerpos de la sangre de pacientes celíacos, y descubrimos que había más anticuerpos activos contra complejos de transglutaminasa unidos a fragmentos de gluten que contra cualquiera de los componentes solos".

El recuento de anticuerpos fue el mejor predictor del daño intestinal en estos pacientes. En otras palabras, la transglutaminasa microbiana, unida a fragmentos de gluten, podría ser el objetivo de la respuesta inmune en la enfermedad celíaca, y el ataque a nuestra propia transglutaminasa simplemente es un caso de identidad equivocada. La transglutaminasa microbiana presente en los alimentos procesados ​​es, por lo tanto, una posible causa ambiental de la enfermedad celiaca.

En 2017, el mercado de los productos sin gluten facturaba 80 millones de euros en España, y se prevé que la industria supere los 5.800 millones de euros en 2023. Pero aunque muchas personas dicen sentirse mejor al haber dejado el gluten, no existe ninguna evidencia científica que avale que quitarlo de la dieta sea saludable, sino todo lo contrario.

Según un estudio de la Universidad de Harvard, las “dietas bajas en gluten relacionadas con un mayor riesgo de diabetes tipo 2”, al tiempo que afirmaba que “los alimentos sin gluten a menudo tienen menos fibra dietética y otros micronutrientes, lo que los hace menos nutritivos y también tienden a costar más".

Desde la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) han alertado del peligro de quitar los alimentos con gluten en las personas sin celiaquía, y es que, según su último estudio, el 10 % de los españoles, siempre que puede, prefiere consumir productos sin gluten. Además, según la organización, “esta moda no es solo perjudicial para aquellos que, sin ser celiacos, consumen productos sin gluten, sino que está creando problemas de seguridad a aquellos que realmente sí lo son”. 

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