La seguridad e higiene alimentaria en los hospitales por el coronavirus beneficia a los celíacos

En plena pandemia, la función de las cocinas de los hospitales es más vital que nunca, ya que sus trabajadores deben trabajar en un entorno hostil, en pleno corazón de la lucha hospitalaria contra la pandemia. El proceso de producción de menús de alimentación sanitaria desde la entrada de mercancía por parte de los proveedores viene a ser como una cadena de montaje propia de la industria automovilística, donde todo está medido al milímetro.

Siempre, pero ahora más que nunca, los protocolos higiénico sanitarios en las cocinas son muy estrictos, y por ejemplo, a cada momento se están rociando con agua y lejía las ruedas de los carros que transportan los menús hasta las habitaciones de los pacientes. Este aumento de las medidas de seguridad e higiene beneficia a todos, pero especialmente a los enfermos celíacos, que ahora más que nunca saben que sus alimentos no estarán contaminados de gluten, merced a la contaminación cruzada.

En los hospitales se da de comer a una cantidad ingente de pacientes ingresados, y a ello se dedican un buen número de empleados, entre cocineros, pinches, técnicos y responsables dietistas, que consensuan con los responsables bromatólogos las medidas adicionales de control y estos días han redoblado la higiene y la desinfección.

Por ejemplo, hasta ahora sólo llevaban mascarillas higiénicas, pero ahora usan unas con mayor resistencia: las mascarillas quirúrgicas.

En estas circunstancias, en la mayoría de los hospitales han suprimido una de las opciones: la de elección entre platos del menú, ya que el menú a la carta obliga a los trabajadores a ir cama por cama preguntando, y en tiempos en los que es necesario limitar la socialización no es muy prudente, por lo que normalmente se ha suprimido este servicio con el objetivo de que no haya más que el contacto mínimo.

En las cocinas se ha ampliado la distancia entre los empleados, que van enfundados en batas blancas sanitarias y que han incrementado la profilaxis. Pero además, en algunos hospitales se ha llegado incluso a planificar qué podría ocurrir si alguno de los empleados cayese contagiado, momento en el que el centro hospitalario pasaría a contar únicamente con dos menús y un sistema de alimentación de mínimos.

Incluso con una plantilla diezmada y reducida a la mínima expresión, la alimentación de los ingresados está completamente asegurada en las cuatro comidas que se sirven (desayuno, almuerzo, merienda y cena), ya que en ese caso el proveedor surtiría al centro de alimentos listos casi para servir.

Los menús corren como la pólvora, y de la cocina salen carros con los platos listos que los pinches acumulan junto a una larga cinta transportadora por la que corren las bandejas con el menú personalizado en una etiqueta de papel.

La cadena de montaje está perfectamente engrasada, de forma que los celíacos, yahora más que nunca que las medidas de seguridad e higiene se extreman sobre manera, jamás tendrán contacto con alimentos que tengan gluten. De esta manera, el menú estará personalizado al más mínimo detalle para ayudar a la curación del enfermo en cuestión, incluso si se padece alguna alergia alimentaria.

De la cinta salen los menús emplatados y con su etiqueta para llevar a la habitación. La mayoría en bandejas plásticas habilitadas para guardar el calor; y algunas, las menos, en bandejas más endebles y desechables que se están utilizando en muchos centros expresamente para la planta donde están ingresadors los enfermos de Covid-19.De esta manera, no hay ningún retorno a cocina.

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