Cuando un celíaco sale de viaje...

Viajar siendo celíaco se convierte en ocasiones en una auténtica odisea que muchas veces puede dar al traste con el objetivo de disfrutar. Pero en realidad "puede ser bastante sencillo si se le ponen las ganas necesarias", al menos según explica el periodista de viajes Alfonso Masoliver en un completo reportaje sobre el asunto publicado por el diario La Razón, y del que recogemos las recomendaciones más importantes a la hora de ponerse en marcha:

  • Lleva siempre el manual del celíaco

Todo celíaco que se precie es socio de la Federación de Asociaciones de Celiacos de España (FACE) y cuenta con un pequeño manual con todo lo que puede comer y lo que no, que está acompañado de otro más fino diseñado para viajar, en el cual viene resumido en varios idiomas qué es un celíaco. Hazte con uno y llévalo siempre contigo porque nunca sabes cuando te hará falta. Sin duda se trata de la mejor manera de garantizarse probar los platos de cada país sin miedo a la intoxicación.

  • Lleva algo de comida contigo

Lo normal en un gran viaje con las características de exótico es que pasemos días o semanas sin encontrar una galletita sin gluten, por lo que es aconsejable ir preparado desde casa. En este sentido, un paquete de pasta o unas galletas para saciar los caprichos ocasionales siempre van a venir bien, además de incluir en el equipaje los clásicos pistachos, latas de atún o cualquier alimento fácil de transportar y de comer.

  • No te fíes de las explicaciones

No te compliques la vida recibiendo explicaciones de camareros y cocineros locales, que pueden no entender lo que les cuentas. Si no estás seguro de que el menú que vas a comer está libre de gluten, mejor no lo tomes... nunca se sabe lo que pueden incluir en los menús de según qué lugares.

  • No te fíes de las salsas

Según explica Masoliver, las salsas son la kryptonita del celíaco y van directas al intestino y sin piedad. Un celíaco y una salsa nunca peden llevarse bien, a no ser que esta haya sido elaborada por algún milagro culinario con maicena. Al mínimo resquicio de duda, evita las salsas exóticas, por muy apetecibles que parezcan.

  • Aprende las recetas

Entablar comunicación entre el cocinero y el celíaco sin necesidad de preguntar qué puede y no puede tomar puede ser una buena idea, pero no necesariamente fácil de poner en práctica. No se trata de aprender las recetas de todo el mundo al pie de la letra, sino de conocer los productos básicos que se utilizan en la elaboración de un estofado o de un asado, qué suelen llevar las salsas, o qué tipos de alimentos se pueden cocinar a la plancha para no complicarnos la digestión... Se trata de un aprendizaje de recetas muy útil si se viaja por España, pero también por otros lugares.

  • No te avergüences

No tengas vergüenza. Si un restaurante no sabe especificar o producto de una ignorancia comprensible sobre la gravedad de algunas celiaquías, te sirven el plato con gluten, no tengas reparos a la hora de devolverlo y pedir uno sin contaminar.

  • Pescado, carne y verdura: comida barata y sana

En Haití pasé dos meses almorzando y cenando arroz con pescado y plátano frito, y aquí sigo. No quise complicarme en un país complicado de por sí. Después de haber desterrado las salsas de nuestro mundo y de habernos convencido de que una imagen no siempre vale más que mil palabras, después de habernos sacudido la vergüenza, el siguiente paso es evitarnos problemas. Si nuestro instinto nos avisa de que el almuerzo va a ser uno complicado, hará falta facilitar el proceso. Un pollo a la plancha. Un filete. Parrillada de verduras, un pescadito asado. Y lo elaborado que lo prueben los demás.

  • Europa es engañosa

Aunque países como España o Italia son muy conscientes de qué es la celiaquía, otros países europeos ni siquiera han oído hablar de ella. En Alemania o Inglaterra algo saben, pero lo justo y necesario. Según Masoliver, no debes condicionar tu viaje a países europeos si piensas que en ellos será más sencillo comer sin gluten, porque no.

  • Olvida los dulces

Todo celíaco olvidarse de los dulces si quiere cuidar su salud, por lo que será bueno preparar la mente para estas situaciones de tentación pecaminosa. Por lo general, absolutamente todos los cucuruchos sobre los que van los helados, contienen gluten. Ni suquiera en Italia, el país de los helados puedes tener la seguridad de que no tengan gluten.

  • Que no te condicione

Según explica Masoliver hay muchos celíacos que eligen sus destinos de viaje en función de su condición, mientras otros viven agobiados porque una migaja de pan les destroce el intestino. Ser celíaco no es para tanto si se aprende a fluir con ello. Si cumples más o menos estas pequeñas normas no tendrás problema a la hora de saborear algunos de los bocados más exquisitos del universo. El autor proclama que aunque haya tenido un buen puñado de problemas en sus viajes, siempre está abierto a aprender de ellos, y al final, de eso trata viajar.

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