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"Bollus" sin gluten en unas Fiestas de San Mateo "descafeinadas" en Oviedo

El personaje más famoso de las fiestas de Oviedo, Alfredo Canteli, fue el encaragado de hacer el brindis de honor por San Mateo y despedir las fiestas más atípicas de su historia. Va engalanado con su boina, traje y corbata, un paraguas "pa la lluvia" y la mascarilla obligatoria, complementando su atuendo, y reconoce que "es un San Mateo un poco triste".

La Sociedad Ovetense de Festejos (SOF) era la encargada de hacer el reparto tradicional del "bollu" y el vino, que este año, para evitar aglomeraciones, se ha repartdio a través de un sistema de entrega escalonado optimizando los recursos, es decir, todo en la misma bolsa. Además, el número de mesas se redujo considerablemente, de seis a dos, y el horario de recogida fue mayor: desde las nueve y media hasta las cinco de la tarde.

El proceso era rápido, como si fuera una cadena de montaje: unos se encargaban de preparar las bolsas, otros de colocarlas tras las mesas y el último grupo de personas de repartirlas.

Entre las particularidades del reparto de este año, destacó que tenían separados, en un lugar específico, los bollos sin gluten para los miembros de la SOF celíacos. Prepararon 2.000 en total -entre los que tienen gluten y los que no-; y consiguieron que no se formase ni una cola.

Como este año no hubo desfile, ni chiringuitos y los conciertos tuvieron un aforo reducido, comer el bollo, aunque sea en casa, es el primer acto que hacen las familias para celebrar, de alguna forma, San Mateo.

 Por la mañana, comienzan preparando diferentes comidas. Después, pasan por los soportales de la plaza de España donde está la SOF repartiendo bollos y recogen los suyos, el plato estrella. Finalmente, habiendo completado el menú y con todos sus bártulos, bajan al Campo San Francisco a disfrutar de la compañía, del sol y de San Mateo.

El "bollu" se come igual, pero en un ambiente más recogido y solo con la familia. Lo que ha cambiado este año es pasar de "una fiesta de camaradería a una mucho más familiar". Normalmente, además de bailar en los chiringos y participar en las carrozas, se le solía distinguir con su peculiar atuendo paseando por el Campo San Francisco a la hora de comer.

Este año, compartir comida y bebida le parece impensable. Sin embargo, pese a lo atípico de este San Mateo, en el que muchos ovetenses, tienen la sensación de "que no ha ocurrido", y "comer el bollo es lo primero" que hacen "por las fiestas", la estampa tenía algo parecido a otros años: gente de todas las edades, aunque escalonada, que entraba al recinto con todo tipo de bolsas y carros, recibía una sonrisa ­bajo la mascarilla y se iban a celebrar San Mateo con los suyos.

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