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Abuelo Bread elabora picos y regañás sin gluten con una "fórmula exclusiva"

Los picos y regañás de Abuelo Bread no son al uso, y presentan un distintivo que hace que a algunas personas se les dibuje una sonrisa en el rostro, ya queno tienen gluten entre sus ingredientes, y por tanto, son totalmente comestibles por personas celíacas para las que, hasta hace unos años, era una odisea encontrar productos de este tipo aptos para su dieta.

 

La idea de sacar adelante una empresa especializada en panadería seca sin gluten, esa proteína tan dañina para un sector de la sociedad, surgió hace unos 4 años cuando la antigua panificadora de picos tradicionales que ocupaba este local entró a concurso de acreedores. “La familia que la llevaba nos planteó la posibilidad de entrar y empezar a desarrollar”, explica Nacho Pombo, actual gerente de Abuelo Bread.

Por entonces, este emprendedor estaba en Estados Unidos trabajando como responsable comercial, destino en el que había aterrizado tras estar dos años en la antigua panificadora que se despedía del polígono. La vida da muchas vueltas y este abogado que ejerció en un despacho de Madrid acabó inmerso en un negocio que arrancó junto a su familia.

Hicimos un estudio de mercado y vimos que había un nicho de mercado importante en el sin gluten, la oportunidad estaba ahí. El pico tradicional estaba ya super saturado”, comenta Nacho que se lanzó a comercializar el nuevo proyecto tras observar que en los supermercados había pasillos enteros de picos tradicionales y “muy pocos” sin gluten.

Según explica, “en mi familia no había ningún celíaco, ni teníamos celíacos cercanos, pero vimos que había un nicho, pero el pico tradicional estaba ya super saturado”. Con ilusión, se puso manos a la obra.

El primer año desarrolló la marca a distancia desde Estados Unidos donde debía acabar su faena. Al mismo tiempo, en la fábrica, un panadero y un responsable de producción que habían trabajado en la anterior panificadora comenzaron a elaborar los picos. “Pensamos que iba a ser mucho más fácil, pero hasta mayo de 2018 no fuimos capaces de empezar a comercializar”, confiesa Nacho, echando la vista atrás.

Antes de estrenarlos había que mirar concienzudamente cada detalle, una ardua tarea en la que emplearon poco más de un año. No fue pan comido. “Queríamos conseguir un producto lo más parecido posible al tradicional en textura y otros aspectos, aunque llevaba otros ingredientes”, comenta el emprendedor sentado junto a Javier Fernández, responsable de calidad.

Este joven biotecnólogo, máster en biotecnología alimentaria, se incorporó al equipo en cuanto Abuelo Bread dio el salto. “Queríamos conseguir un producto lo más parecido posible al tradicional”. Un deseado despegue que les permitió renovar la maquinaria en la que hoy se elaboran los picos, regañás, pulgarcitos-picatostes, saladitos, snacks de sabores y hasta pan rallado.

Todos no solo sin gluten, sino sin lactosa, sin leche, sin huevo, sin frutos secos, sin soja... en definitiva, “sin ninguno de los 14 alérgenos de declaración obligatoria”.

La empresa cogió carrerilla y empezó proponer productos nuevos a un mercado en el que apenas sonaba alguna marca especializada en sin gluten. Así, fue pionera en poner a la venta regañás y pulgarcitos sin esta proteína, sin ni siquiera saber con qué nombre bautizarían a la marca.

Finalmente se decantaron por la unión de dos palabras “globales” en dos idiomas distintos que aunaban la tradición y el conocimiento (abuelo)-al provenir de una panificadora con solera- con la innovación y el desarrollo (bread). “Todo lo que había en el mercado incluía celiac, celíaco, y queríamos salirnos de lo que había”, explican los emprendedores, que no enfocan la marca a las personas celíacas o con alguna intolerancia. Al contrario, “nuestro objetivo es gustar a las que no son celíacas, si les gusta a ellas, a las celíacas les va a encantar”.

Nacho y su equipo quieren ganarse el paladar de todo el mundo y, con sus productos pretenden facilitar las compras de las familias en las que hay intolerantes.

El secreto está en sus ingredientes y en un proceso de elaboración único. La base de sus recetas son el almidón de maíz y la harina de arroz. A partir de ahí, cada producto lleva “su toque”, es decir, sustitutivos. Por ejemplo, los picos llevan trigo sarraceno mientras que las regañás se preparan con semillas de chía y los snacks con saborizantes naturales.

Para su elaboración, disponen de una fórmula exclusiva patentada. “Conseguimos trabajar una masa sin gluten con el extrusionado, que le da una textura completamente distinta”, explica Nacho mientras señala la máquina desde la puerta.

En 3 años, los picos de Abuelo Bread han logrado colarse en las estanterías de los principales supermercados españoles, desde Carrefour hasta Makro, y también están disponibles en cajas combinadas en la tienda online puesta en marcha en septiembre de este año. “Vender en la cadena de supermercados es lo que nos da estabilidad hoy”, señala Nacho al que a veces algún cliente le dice que ha comprado sus paquetes “porque les sienta mejor o porque les gusta como crujen, aunque no sean celíacos”.

La empresa tiene presencia a nivel nacional y poco a poco se abre paso en la venta internacional.

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