Un equipo de investigadores ha identificado dos enzimas producidas por bacterias de la microbiota intestinal capaces de degradar algunos de los fragmentos del gluten que desencadenan la respuesta inmunitaria en la enfermedad celíaca. Aunque los resultados son todavía preliminares y se han obtenido en modelos de laboratorio, el hallazgo abre una nueva vía para desarrollar tratamientos complementarios a la dieta sin gluten.
La búsqueda de nuevas terapias para la enfermedad celíaca continúa avanzando, y aunque la dieta sin gluten sigue siendo, a día de hoy, el único tratamiento eficaz, numerosos grupos de investigación trabajan en alternativas que permitan reducir los efectos de las contaminaciones accidentales o mejorar la calidad de vida de los pacientes. En este contexto, un estudio realizado por investigadores del Centro Nacional de Ciencias Celulares (NCCS) de Pune, en la India, ha puesto el foco en la microbiota intestinal como posible aliada frente al gluten.
Los científicos han identificado dos enzimas producidas por las bacterias Segatella copri y Stenotrophomonas maltophilia que son capaces de romper algunos de los fragmentos más problemáticos de la gliadina, una de las proteínas que forman parte del gluten. Estos fragmentos son los responsables de activar la respuesta del sistema inmunitario en las personas con predisposición genética a desarrollar enfermedad celíaca, desencadenando la inflamación y el daño característicos de esta patología.
El estudio revela que ambas enzimas actúan de forma complementaria. Una de ellas degrada el denominado fragmento “33-mer”, considerado el más resistente a la digestión y uno de los principales desencadenantes de la respuesta inmunitaria. La otra actúa sobre un fragmento más pequeño, conocido como “11-mer”. Además, los investigadores comprobaron que estas enzimas mantienen su actividad en un rango de acidez similar al existente en la parte alta del aparato digestivo, lo que, al menos desde el punto de vista teórico, podría favorecer su utilización en el organismo.
Para comprobar su efecto, los investigadores utilizaron un modelo celular que reproduce parte de las alteraciones intestinales que provoca el gluten. Los resultados mostraron que, cuando los fragmentos de gliadina eran tratados previamente con estas enzimas, disminuía la respuesta inflamatoria y mejoraba la integridad de la barrera intestinal. En concreto, se redujeron los niveles de la molécula inflamatoria IL-6 y aumentó la expresión de proteínas implicadas en el mantenimiento de la barrera intestinal, un aspecto fundamental para preservar la salud del intestino.
Los autores del trabajo subrayan, no obstante, que estos resultados no significan que exista un nuevo tratamiento disponible para la enfermedad celíaca. La investigación se ha realizado exclusivamente en modelos celulares y todavía será necesario confirmar su eficacia y seguridad mediante estudios en animales y ensayos clínicos en personas. Por ello, los especialistas recuerdan que la dieta sin gluten continúa siendo la única terapia eficaz y recomendada para controlar la enfermedad.
Aun así, este descubrimiento refuerza el creciente interés por el papel de la microbiota intestinal en la enfermedad celíaca. Si futuras investigaciones confirman estos resultados, las enzimas producidas por determinadas bacterias podrían incorporarse algún día a nuevas estrategias terapéuticas destinadas a complementar la dieta sin gluten y reducir el impacto de las exposiciones accidentales al gluten, uno de los principales problemas a los que siguen enfrentándose muchas personas celíacas.

