Durante estos días, España se está volcando con la visita del Papa León XIV, que llegó el pasado viernes a Madrid, y hoy visita Barcelona, donde el próximo miércoles oficiará una misa solemne en la Sagrada Familia con motivo de la inauguración de la Torre de Jesucristo y ante miles de fieles esperando para comulgar. El caso es que muchos de esos fieles serán celíacos, con quienes regresa la eterna pregunta de ¿qué hace alguien que no puede tomar gluten cuando llega el momento de recibir el cuerpo de Cristo?.

 

El caso es que, a día de hoy, la Iglesia no admite las hostias sin gluten en la celebración de la Eucaristía porque así lo estipula la doctrina católica. Esta norma de referencia es una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe, firmada en 2003 por el entonces cardenal Joseph Ratzinger que años más tarde acabaría siendo el Papa Benedicto XVI.

El texto resuelve el asunto de manera tajante asegurando que las hostias 100 % libres de gluten no son válidas para ser consagradas en la Eucaristía. Se trata de una cuestión teológica que provoca que el pan de la Eucaristía tenga que ser pan de verdad, hecho con trigo y gluten suficiente para que se produzca la panificación, sin sustancias extrañas ni procesos que desnaturalicen su naturaleza.

De esta manera, una oblea elaborada con almidón u otros sustitutos, por mucho que se parezca a una hostia, deja de ser el pan que exige el sacramento. Por eso una hostia cien por cien sin gluten no puede consagrarse. El caso es que curiosamente, hasta hace apenas unos meses, la ley española tampoco reconocía el pan sin gluten como pan.

La misma carta publicada por el Vaticano, consciente del problema, deja abierta una puerta; y tal como recoge el documento, sí son válidas las hostias con la mínima cantidad de gluten necesaria para poder panificar, siempre que no se añadan sustancias extrañas ni se recurra a procedimientos que alteren el pan. Se trata de las llamadas hostias bajas en gluten que utilizan muchas diócesis.

El problema es que "baja en gluten" no significa "sin riesgo". Según explican desde la Federación de Asociaciones de Celíacos de España (FACE), en Europa el umbral legal para etiquetar un producto como "sin gluten" es de 20 ppm (20 miligramos por kilo), un límite que se fijó a partir de un estudio del doctor Carlo Catassi.

En su investigación se situó en torno a los 50 mg diarios la dosis mínima capaz de dañar el intestino de un celíaco; sine mebrago, ese mismo trabajo demostró que la respuesta varía mucho de una persona a otra, y para los más sensibles, incluso las trazas pueden hacer daño, una advertencia que también lanza la Conferencia Episcopal cuando alerta del riesgo de contaminación cruzada al manipular estas obleas.

Así las cosas, la hostia baja en gluten podría llegar a resolver el problema de algunos celíacos, pero no es para nada una solución universal para el problema.

Con todo, pese a no permitir la consagración de hostias sin gluten, la Iglesia contempla una alternativa. Según el Vaticano, los fieles celíacos que no puedan recibir la comunión bajo la especie del pan pueden comulgar solo bajo la especie del vino, lo que en la práctica supone el engorro de tener que avisar antes en la parroquia, y que en ella accedan a este provilegio.

Según recomienda la Conferencia de Episcopal española, lo mejor es preparar un cáliz aparte, que no entre en el rito de la mezcla y del que el celíaco beba en primer lugar para evitar la contaminación. Eso si, el permiso para usar mosto sin alcohol o pan bajo en gluten depende del obispo de turno, que que puede delegar la decisión en el párroco, aunque que no exige certificado médico. O sea, que la cosa sigue sin estar fácil para los celíacos católicos.