La popularización de las dietas sin gluten ha llevado a atribuir a esta proteína un papel casi universal en los procesos inflamatorios. Sin embargo, las evidencias disponibles no permiten recomendar su eliminación como tratamiento de las enfermedades reumáticas en personas que no padecen celiaquía o sensibilidad al gluten. Una distinción fundamental para evitar tanto falsos mitos como restricciones alimentarias innecesarias.

 

Eliminar el gluten de la dieta se ha convertido durante los últimos años en una recomendación habitual en determinados círculos relacionados con la alimentación saludable, las enfermedades autoinmunes o los procesos inflamatorios. Artritis reumatoide, lupus, artrosis o espondiloartritis aparecen con frecuencia vinculadas en redes sociales a supuestos beneficios derivados de abandonar el trigo y otros cereales con gluten. Sin embargo, la evidencia científica disponible obliga a introducir bastantes matices.

La nutricionista Rocío Diago explicaba recientemente en El Economista que no existe actualmente evidencia científica sólida que permita afirmar que retirar el gluten  mejore por sí mismo los síntomas o la evolución de las enfermedades reumáticas en la población general.

La cuestión es especialmente relevante porque detrás de muchas de estas patologías existe un componente inflamatorio o autoinmune y resulta tentador establecer una relación directa entre alimentación e inflamación. Pero que dos fenómenos estén relacionados no significa necesariamente que exista una relación causal. En este contexto, las recomendaciones de la European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR) insisten en la idea de que una alimentación equilibrada forma parte de un estilo de vida saludable en los pacientes con enfermedades reumáticas, pero el consumo o la eliminación de alimentos concretos suele producir efectos pequeños o poco demostrados sobre la evolución de la enfermedad. Es decir, la dieta debe complementar el tratamiento médico, no sustituirlo.

En el caso concreto de la artritis reumatoide, una revisión científica publicada en 2022 analizó los estudios disponibles para determinar si eliminar el gluten mejoraba los síntomas de pacientes que no padecían celiaquía ni sensibilidad al gluten no celíaca. La conclusión fue que no se encontraron evidencias científicas suficientespara recomendar una dieta sin gluten como estrategia terapéutica habitual en estos pacientes. Otras revisiones sobre dietas sin gluten en personas no celíacas llegan a conclusiones similares y advierten de que excluir innecesariamente determinados alimentos puede generar desequilibrios nutricionales, incrementar el coste de la alimentación y complicar innecesariamente la dieta.

Pero aquí aparece una precisión esencial que no debería perderse, especialmente cuando se aborda el asunto desde el ámbito de la celiaquía, y es que esto no significa que el gluten sea inocuo para todo el mundo. En una persona con enfermedad celíaca, eliminarlo estrictamente de la alimentación continúa siendo el único tratamiento eficaz disponible. La celiaquía es una enfermedad sistémica inmunomediada en la que la exposición al gluten provoca daño intestinal y puede producir numerosas manifestaciones extraintestinales, algunas de ellas musculoesqueléticas. Por tanto, una persona con dolor articular o síntomas compatibles con una enfermedad reumática podría presentar además una enfermedad celíaca que no haya sido diagnosticada.

De hecho, la relación entre celiaquía y manifestaciones articulares está documentada desde hace décadas, y algunos estudios han encontrado una mayor frecuencia de artritis o molestias articulares entre pacientes celíacos y una mejoría parcial tras seguir correctamente la dieta sin gluten. En un estudio realizado entre adultos con celiaquía, la artritis aparecía con mayor frecuencia entre quienes continuaban consumiendo gluten que entre aquellos que seguían una dieta estricta sin gluten. Otro trabajo encontró que alrededor del 30 % de los pacientes celíacos que presentaban artritis referían una mejoría de los síntomas articulares después de iniciar la dieta sin gluten. Es decir, retirar el gluten no constituye un tratamiento universal de las enfermedades reumáticas, pero puede resultar relevante cuando existe una enfermedad celíaca asociada.

También existen investigaciones que estudian posibles relaciones entre la dieta sin gluten y otras enfermedades autoinmunes. Algunas revisiones han observado mejoras en determinados pacientes con patologías autoinmunes no relacionadas directamente con la celiaquía, aunque los propios autores reconocen que la evidencia es heterogénea y todavía insuficiente para convertir estos resultados en una recomendación clínica general. Precisamente por ello, sociedades científicas como la Sociedad Francesa de Reumatología desaconsejan recomendar sistemáticamente dietas sin gluten en pacientes con enfermedades reumáticas inflamatorias que no presenten celiaquía, mientras otorgan mayor respaldo a patrones alimentarios equilibrados, como la dieta mediterránea, el control del peso y determinados aportes de omega-3.

Por tanto, el mensaje correcto no debería ser simplemente que “el gluten no influye en las enfermedades reumáticas”, porque esa afirmación también sería excesivamente categórica. Así las cosas, la evidencia actual indica que no existe justificación para eliminar el gluten de forma sistemática en una persona con una enfermedad reumática que no padezca celiaquía o sensibilidad al gluten, pero sí existen pacientes en los que ambas patologías pueden coexistir y en los que una dieta sin gluten resulta imprescindible. Incluso los estudios epidemiológicos muestran que esta relación no es uniforme, de manera que un metaanálisis publicado en 2024 no encontró una prevalencia significativamente superior de celiaquía entre adultos con artritis reumatoide respecto a la población general, aunque sí planteó que el cribado puede tener sentido en determinados pacientes con artritis idiopática juvenil y factores de riesgo asociados.

La conclusión vuelve a situar el debate donde debería estar, y es en el diagnóstico y no en las modas alimentarias. Una persona con una enfermedad reumática no debería retirar el gluten simplemente porque haya leído que provoca inflamación, y mucho menos hacerlo antes de haber descartado una posible celiaquía, ya que abandonar el gluten puede dificultar posteriormente su diagnóstico. Pero tampoco debe ignorarse que la enfermedad celíaca puede presentar síntomas mucho más allá del aparato digestivo. El gluten no es un enemigo universal ni una sustancia inocua para quienes padecen celiaquía. Entre ambos extremos está la evidencia científica, que sigue siendo la mejor herramienta para decidir quién necesita realmente vivir sin gluten.