La celiaquía, una condición que afecta a miles de personas en España, sigue suponiendo un reto no solo para la salud, sino también para la economía doméstica de quienes la padecen. Según el último informe de 2026 de la Asociación de Celíacos y Sensibles al Gluten de la Comunidad de Madrid, los celíacos afrontan un sobrecoste anual de 830,40 €, una cifra que pone de manifiesto la desigualdad a la hora de llenar la cesta de la compra y acceder a productos aptos para su dieta.
El informe recientemente publicado ha sido elaborado por una comisión de expertos en economía de la salud y nutrición, quienes han analizado el gasto anual de las familias celíacas en comparación con las que no tienen restricciones alimentarias. La investigación abarca diferentes regiones, tipos de comercios y marcas, incorporando variables como la inflación y la disponibilidad de productos sin gluten.
Los resultados muestran una tendencia constante: los precios de los alimentos para celíacos son significativamente más altos, lo que genera un impacto notable en sus presupuestos familiares.
El dato más destacado del informe es el sobrecoste anual de 830,40 € que los pacientes celíacos deben asumir para seguir una dieta segura. Este importe incluye el gasto adicional en pan, pasta, harinas, galletas y otros productos básicos, comparado con sus equivalentes convencionales. Además, el informe señala que el acceso a ofertas y descuentos es limitado para los celíacos, lo que incrementa aún más el gasto mensual y reduce su capacidad de ahorro.
María, madre de dos niños celíacos, comparte la dificultad de gestionar el presupuesto familiar: “Cada visita al supermercado es un reto, y no siempre podemos permitirnos los productos que necesitamos”. Por su parte, Javier, diagnosticado hace tres años, destaca la importancia de la información y el apoyo entre pacientes: “La comunidad celíaca es un gran apoyo, pero el coste sigue siendo una preocupación constante”.
El sobrecoste no solo afecta al bolsillo de los pacientes, sino que también tiene repercusiones sociales, de manera que muchas familias se ven obligadas a renunciar a actividades de ocio o a modificar sus hábitos alimentarios por motivos económicos. Además, la exclusión alimentaria puede generar sentimientos de aislamiento y frustración, especialmente en eventos sociales donde la oferta sin gluten es limitada o inexistente.
El informe 2026 subraya la necesidad de políticas públicas que faciliten el acceso a productos sin gluten a precios asequibles. Entre las posibles soluciones se plantean la reducción del IVA para alimentos específicos, el impulso de ayudas directas a las familias celíacas y el fomento de la producción nacional de alimentos aptos. Garantizar la igualdad de oportunidades es, hoy más que nunca, un deber social que no puede esperar.

