El obrador de Yemas de Santa Teresa emana estos días prenavideños un aroma con origen en las naves que la empresa posee en Ávila y que, en esta época del año, se incrementa con la elaboración de dos de sus productos estrella: el huevo hilado y el membrillo, que serán protagonistas de la campaña navideña, para la que es necesario aumentar la plantilla con el objetivo de atender la demanda.
La Navidad se anticipa durante los primeros días de octubre con la campaña de membrillo, que se desarrolla durante seis meses y se afianza en noviembre con la de huevo hilado, que se extiende durante un mes y medio.
La campaña de huevo hilado concentra la mayoría de los nuevos empleos para producir dos mil kilos diarios destinados al mercado nacional, al ser un producto "altamente delicado, cien por cien natural, sin conservantes ni aditivos"... y es que se trata de un producto sin gluten, por lo que es apto para celíacos, además de contar con el distintivo Khoser, adaptado al consumo de personas de religión judía, un sello que la firma ha logrado también para el membrillo y las empanadillas de yema.
Igualmente, han obtenido el sello para las famosas yemas, marca de la empresa, que además ha sido reconocida como colaboradora del V Centenario del Nacimiento de Santa Teresa (1515-2015), por lo que la firma ha creado una edición especial de este producto que incluye el logotipo conmemorativo (STJ500).
El cuidado y el mimo marcan la elaboración de los dos productos estrella de Navidad de la firma, que da un toque artesanal a la fabricación de estos alimentos, al igual que a las variedades de turrón que también prepara en esta época del año. En el caso del huevo hilado, solo se emplean huevos procedentes de gallinas seleccionadas que reciben una alimentación "totalmente natural", una particularidad que otorga a este producto un característico color anaranjado.
En torno al 75 % de las ventas se registra en esta época del año, en la que las yemas de huevo llegan, a diario, procedentes de granjas situadas principalmente en Castilla y León, para que los artesanos las tamicen y las introduzcan en un almíbar a 120 grados centígrados de temperatura. El líquido resultante va cayendo, a través de unos embudos, en forma de hilos, lo que da nombre al producto.
Más extensa es la campaña del membrillo, que se desarrolla durante seis meses y para la que se emplea a una veintena de personas que elaboran un producto que incluso llega hasta Japón y Estados Unidos. El membrillo, sin embargo, ya no solo se vende como dulce en sí, sino también en otros productos, como pastas o tartas, aunque su empleo tiene infinitas posibilidades, como las que han desarrollado para la firma maestros de cocina como Elena Arzak o Martín Berasategui.

