La empresa santanderina Salami lleva más de medio siglo dedicada, como su propio nombre indica, a la elaboración de productos cárnicos y comidas precocinadas, desde que su fundador, Juan Antonio López, iniciase el camino con la apertura de una pequeña tienda en 1958.
La apuesta por la innovación de esta empresa les llevó a buscar un nicho en los productos para celíacos. Desde la empresa apuntan que “después de meses de trabajo ya han salido al mercado los productos sin gluten, como garantiza el sello llevan en su envase. De esta forma, los enfermos celíacos, que son los destinatarios fundamentales de esta nueva oferta, disponen de una nueva gama de alimentos cocidos, frescos adobados, o precocinados como los callos, a los que antes mostraban intolerancia y que ahora pueden consumir sin temor a padecerla”.
Los nuevos alimentos, aseguran, mantienen la calidad, sabor y precio de sus predecesores. La medida le ha valido a Salami los elogios de la consejera cántabra de Ganadería, Pesca y Desarrollo Rural, Blanca Martínez, que recientemente visitó las instalaciones de la empresa cárnica en Mercasantander, donde se ubica desde 1994.
Martínez valoró que “su decidida apuesta por la innovación y la calidad de sus productos sin abandonar el toque artesanal en su elaboración”.
No es el único paso hacia la innovación que da esta compañía, que también presume de ser la primera pequeña empresa española en calcular la “huella de carbono” en sus procesos, con el objetivo de conocer y auditar el control de la emisión de gases de efecto invernadero durante la fabricación de sus embutidos.
Además, Salami fue la primera pyme en la región en obtener la certificación ISO 14001, que garantiza el respeto al medio ambiente en todos sus procesos.

