La celiaquía es un trastorno autoinmune que afecta principalmente al sistema digestivo, pero cuyo alcance puede ir mucho más allá del intestino. En los últimos años, diversos estudios han investigado si existe una asociación entre la celiaquía y otras patologías como la dermatitis atópica o los trastornos tiroideos que cursan con síntomas digestivos.
La celiaquía se caracteriza por una reacción inmunitaria al gluten, presente en el trigo, la cebada y el centeno, y aunque los síntomas clásicos son digestivos, tales como diarrea, dolor abdominal o malabsorción, cada vez es más común identificar manifestaciones extradigestivas, lo que complica su diagnóstico. En este contexto, resulta relevante explorar su posible conexión con enfermedades dermatológicas y endocrinas.
La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel que suele aparecer en personas con predisposición genética a las alergias. Diversos estudios recientes han sugerido que existe una prevalencia ligeramente superior de dermatitis atópica en personas con celiaquía en comparación con la población general. Sin embargo, la mayoría de los expertos coinciden en que, si bien puede existir cierta asociación, todavía no hay suficiente evidencia para establecer una relación causal directa.
Se cree que la base inmunológica común podría explicar la coexistencia de ambas condiciones en algunos pacientes, pero también podría tratarse de una coincidencia debida a la predisposición genética compartida.
En el caso de los trastornos tiroideos, especialmente la tiroiditis autoinmune de Hashimoto y la enfermedad de Graves, la evidencia científica es más contundente, y varios metaanálisis han demostrado que los pacientes celíacos presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades tiroideas autoinmunes.
Además, es común que los síntomas digestivos, como hinchazón, estreñimiento o diarrea, puedan presentarse en personas con disfunción tiroidea, lo que puede dificultar el diagnóstico diferencial entre ambas patologías. Por ello, se recomienda que los pacientes diagnosticados con celiaquía sean evaluados periódicamente para detectar posibles alteraciones tiroideas.
Tanto la dermatitis atópica como los trastornos tiroideos pueden cursar con síntomas digestivos, lo que añade complejidad al diagnóstico. En el caso de la dermatitis atópica, algunos pacientes refieren molestias gastrointestinales, aunque suelen ser menos frecuentes y de menor intensidad que en la celiaquía.
Por su parte, las enfermedades tiroideas pueden alterar el ritmo intestinal y la absorción de nutrientes, generando síntomas similares a los de la enfermedad celíaca.
La coexistencia de celiaquía con dermatitis atópica o enfermedades tiroideas subraya la importancia de una visión multidisciplinar en el abordaje de estos pacientes, de modo que los especialistas recomiendan mantener un alto índice de sospecha y realizar pruebas específicas cuando los síntomas no se explican por una sola causa.
El tratamiento de la celiaquía sigue siendo la dieta estricta sin gluten, mientras que las patologías asociadas requieren intervenciones específicas, como tratamiento dermatológico o terapia hormonal sustitutiva en el caso de las tiroides.
Así las cosas, aunque los estudios recientes apuntan a una posible asociación entre la celiaquía y la dermatitis atópica, la relación parece ser más clara con los trastornos tiroideos autoinmunes; y la presencia de síntomas digestivos en ambas condiciones puede llevar a confusión, por lo que es fundamental un enfoque diagnóstico amplio y personalizado.
La investigación continúa para determinar con mayor precisión los mecanismos que conectan estas enfermedades y mejorar así la calidad de vida de los pacientes.


