Hace algunos días contábamos que el actor Matt Damon asegura haber perdido unos cuantos kilos gracias a dejar el gluten de su dieta. Pero según numerosos especlialistas, la realidad es que la ciencia no avala esta afirmación y no ha encontrado evidencias de que eso siga así... y lo peor de todo, es que puede traer consigo contraindicaciones importantes...
La ciencia nutricional avala de esta manera que quitar el gluten de la dieta no tiene un efecto adelgazante específico, hasta el punto de que si no se tiene ni celiaquía ni sensibilidad al gluten diagnosticada, eliminarlo podría ser contraproducente en la salud cardiovascular y metabólica.
El primer mito a derribar es que el gluten, per se, sea un villano metabólico que nos hace acumular grasa, ya que según una revisión sistemática publicada en International Journal of Cardiovascular Sciences, las dietas sin gluten no se asocian con una mayor pérdida de peso en comparación con dietas normales que contienen gluten en adultos sanos.
El hecho real es que hay gente que promete haber perdido peso al dejar el gluten, pero la respuesta a esta afirmación de lo s cientíofcios pasa por los cambios que acompañan a esta dieta, pero no en el gluten... y es que al dejar el gluten, automáticamente se deja de comer ultraprocesados densos en calorías como la bollería industrial, galletas, pasta refinada... De manera, que se come menos calorías totales, y esto es lo que adelgazada, y no la ausencia de gluten.
Además de este déficit calórico, un estudio piloto en deportistas señaló que la bajada de peso rápida tras seis semanas sin gluten se debía principalmente a la pérdida de líquidos y reservas de glucógeno, no a una ventaja metabólica real, lo que significa que menos carbohidratos refinados implica menos retención de agua.
Otro ensayo clínico en pacientes con algún problema metabólico en su historial detectó reducciones en la circunferencia de cintura y triglicéridos, pero sin cambios en el peso, de manera que los investigadores apuntan a que esto se debe más a una mejor selección de alimentos y control glucémico que a un "efecto quitagrasa" del gluten.
Otro de los grandes pensamientos que se pueden escuchar en este sentido es que las personas que no comen trigo se sienten mucho menos hinchados, y esto es real, pero el culpable no es el gluten, sino de los fructanos del trigo, que básicamente es un tipo de carbohidrato fermentable que producen mucho gas y distensión. De esta manera, el abdomen se ve como mucho más plano, pero no por una pérdida de grasa.
Aunque se vea al gluten como un demonio, la realidad es que tiene varias cosas buenas de manera intrínseca. Por ejemplo, el gluten suele ir acompañado de cereales integrales, que a su vez son cardioprotectores, algo que evidencia un estudio con más de 100.000 participantes que fueron seguidos durante 26 años, y que concluye que el consumo de gluten no aumenta el riesgo de enfermedad coronaria. Es más, al ajustar los datos, una mayor ingesta de gluten se asoció a un menor riesgo de esta enfermedad.
En este último caso, los autores ya advirtieron que promover dietas sin gluten en personas sanas puede reducir el consumo de cereales integrales y, por tanto, afectar negativamente a la salud cardiovascular.
La conclusión es que, a pesar de que cuando vemos que algo sin gluten, podemos llegar a pensar que estamos ante algo mucho más sano; pero la realidad es que en ocasiones, para compensar la falta de elasticidad y textura que aporta el gluten, la industria alimentaria a menudo reformula los productos añadiendo más grasas saturadas, más azúcar y reduciendo la proteína que contiene.
Además, las dietas sin gluten en personas no celíacas también se ha asociado a una menor ingesta de fibra, de vitaminas del grupo B y un peor perfil cardiometabólico a largo plazo.


